5 de Abril de 2014
Aproximadamente 19:15
El preludio a la tormenta- Por Harleen.
Yo tenía una vida, no era una mala vida en realidad: Trabajaba con mi madre, Gemma, en un motorclub que no era más que una tapadera para otra clase de "negocios". Mientras mi madre se dedicaba a dirigir el tráfico de armas y drogas de la zona; yo empecé mi carrera como mensajera, mi trabajo consistía en recorrer sin ser vista diferentes puntos del país entregando "paquetes especiales" para toda clase de personas. Eso, como cabía de esperar, no le hacía gracia a los peces grandes de América que pusieron precio a mi cabeza pero gracias a mi talento natural para las acrobacias y los contactos en la esfera criminal pude librarme.
Oh sí, teníamos todo tipo de servicios pero el favorito, sin duda, de los caballeros que habituaban el lugar era "La jaula". Bajo el bar teníamos un sótano espacioso con una gran jaula de metal en la que realizábamos peleas clandestinas entre luchadores, mientras mi madre se pavoneaba en diminutos vestidos y yo aprovechaba sus encantos para hacer de las mías.
Una vida arriesgada sin duda pero ¿Sabéis qué? era divertida; por desgracia, todo se fue a la mierda un 12 de Abril.
Una semana antes de ese fatídico día Gemma encontró en un callejón a un tipo enorme con pinta de irlandés. Aquello me extrañó, ya que encontrábamos todas las noches a tíos como ese a patadas en la zona y nunca mostró consideración por alguno de ellos -supongo que tendría la cartera llena o algo-. Durante esos días aprendí algunas cosas de Jack, así se llama, como son su malsana obsesión por las motos y el JackDaniel's o su falta de lucidez -que es más simple que el mecanismo de un chupete, vaya- pero tampoco nos dirigíamos la palabra en demasía si él luchaba, yo conseguía pasta, mi madre un juguete y él cama y alcohol, todos felices.
Una vida arriesgada sin duda pero ¿Sabéis qué? era divertida; por desgracia, todo se fue a la mierda un 12 de Abril.
Una semana antes de ese fatídico día Gemma encontró en un callejón a un tipo enorme con pinta de irlandés. Aquello me extrañó, ya que encontrábamos todas las noches a tíos como ese a patadas en la zona y nunca mostró consideración por alguno de ellos -supongo que tendría la cartera llena o algo-. Durante esos días aprendí algunas cosas de Jack, así se llama, como son su malsana obsesión por las motos y el JackDaniel's o su falta de lucidez -que es más simple que el mecanismo de un chupete, vaya- pero tampoco nos dirigíamos la palabra en demasía si él luchaba, yo conseguía pasta, mi madre un juguete y él cama y alcohol, todos felices.
Que poco duró.
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